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Willem Dafoe llega a Buenos Aires para presentar una película que habla de perderlo todo

El actor estadounidense aterriza en Argentina para acompañar el estreno de una película singular, dirigida por un cineasta local, que convierte un conflicto íntimo en una historia inquietante y cargada de tensión.

No es habitual que Willem Dafoe viaje a Sudamérica solo para presentar una película. Mucho menos una que no pertenece a una gran franquicia ni a la temporada de premios más ruidosa. Por eso, su llegada a la Argentina despertó interés inmediato: el actor viene a acompañar The Souffleur, un film de tono contenido y perturbador que lo muestra en uno de esos papeles donde el silencio pesa más que los gestos.

La proyección especial tendrá lugar a fines de enero en el MALBA, un espacio que ya anticipa el tipo de experiencia que propone la película: cine de autor, atmósfera densa y una narrativa que se construye lentamente, sin concesiones.

Detrás del proyecto hay un nombre clave del cine argentino contemporáneo, aunque no siempre asociado al gran público. Y esa combinación —una estrella internacional y una mirada autoral— es parte de lo que vuelve a The Souffleur una propuesta difícil de encasillar.

Un hotel, una amenaza y una vida a punto de desaparecer

La historia se centra en Lucius Glanz, un hombre que ha dedicado tres décadas de su vida a administrar un hotel emblemático en una ciudad europea. Ese edificio no es solo su lugar de trabajo: es su refugio, su identidad y el escenario donde todo lo importante ocurrió.

El conflicto aparece cuando Lucius descubre que el hotel ha sido vendido. El nuevo propietario no planea restaurarlo ni conservar su espíritu, sino demolerlo para construir algo completamente distinto. Un cambio radical que convierte la rutina en urgencia y la nostalgia en paranoia.

A partir de ese momento, la película abandona cualquier trazo de relato convencional. Lo que sigue es una lucha silenciosa y obsesiva por conservar un mundo que se apaga, acompañada por la hija del protagonista y un pequeño grupo de empleados que se resisten a aceptar lo inevitable.

No hay épica ni grandes discursos. Hay vigilancia, sospechas, desvíos, pequeños gestos que revelan hasta qué punto una persona puede aferrarse a lo único que conoce. The Souffleur convierte un conflicto inmobiliario en un thriller psicológico donde la amenaza no siempre es visible, pero está presente en cada plano.

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© MAGNIFY

Gastón Solnicki y una mirada incómoda sobre el poder y la pertenencia

La dirección corre por cuenta del argentino Gastón Solnicki, un cineasta conocido por su aproximación poco convencional a los relatos y por una filmografía que se mueve entre la observación, la incomodidad y la crítica social sutil.

En The Souffleur, Solnicki coescribe el guion junto a Julia Niemann y construye un universo donde nada se explica del todo. El espectador avanza guiado por sensaciones más que por certezas, una elección que potencia el clima de inquietud permanente.

La película, coproducida entre Austria y Argentina, también funciona como un cruce cultural. No solo por sus orígenes industriales, sino porque el choque entre mundos —el viejo orden europeo y una lógica empresarial externa— atraviesa toda la narración sin necesidad de subrayados.

Dafoe, además de protagonizar, participa como productor ejecutivo, algo que refuerza la idea de un proyecto cuidado, personal y lejos del cine de encargo. Su Lucius Glanz no busca simpatía: es un personaje opaco, a ratos difícil, pero profundamente humano en su miedo a desaparecer.

Un estreno discreto que apuesta al boca en boca

La función especial en el MALBA marcará la primera presentación oficial de la película en Argentina, con la presencia de Dafoe como principal atractivo. Para quienes no puedan asistir, el film tendrá su estreno regular en el museo durante febrero.

El elenco se completa con Lilly Lindner, Stéphanie Argerich, Claus Philipp, Camille Clair y el propio Solnicki, en un reparto que acompaña el tono enrarecido y melancólico del relato. La fotografía de Rui Poças refuerza esa sensación de encierro elegante, donde cada pasillo y cada habitación parecen guardar algo que no se dice.

The Souffleur no parece pensada para impactar de inmediato, sino para quedarse dando vueltas después de los créditos. Una película sobre la resistencia al cambio, el miedo a perder identidad y la violencia silenciosa de ciertas transformaciones inevitables.

La visita de Willem Dafoe a la Argentina no es solo un gesto promocional: es una señal de la importancia que el propio actor le da a un film que, sin hacer ruido, aspira a incomodar.

[Fuente:Pagina12]

 

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