Hay un juego que me encanta llamado The Long Dark. Es un simulador de supervivencia implacable que te enfrenta a los elementos en plena naturaleza. Puedes morir de hambre, congelarte hasta la muerte o ser atacado por una manada de lobos salvajes. Tiene una atmósfera opresiva y amenazante que pocos títulos logran igualar. Outbound es, en cierto modo, la versión acogedora de esa misma premisa.
Probé la demo de Outbound durante el Steam Next Fest, un juego de supervivencia centrado en recorrer el mundo en una furgoneta camper desarrollado por Square Glade Games, y se siente como si alguien hubiera pasado The Long Dark por un filtro de Pixar. Ambos títulos comparten muchos elementos: mecánicas ligeras de crafteo, la necesidad de recolectar recursos para saciar el hambre, una orientación deliberadamente difusa que te obliga a explorar con atención, y esa sensación de soledad al habitar un mundo que otros han abandonado.

Y, sin embargo, Outbound también es casi el opuesto total de The Long Dark. Sí, sentirás hambre, pero no morirás por ello: simplemente te desmayarás. El mundo carece de interacción humana, aunque está lleno de pequeños animales adorables con los que puedes entablar amistad (e incluso cuenta con un modo cooperativo al que, irónicamente, no logré convencer a nadie de sumarse). Ni siquiera puedes atropellar a los animales con tu enorme y aparatosa furgoneta. Lo intenté. Hay cierta fricción, pero el entorno no está diseñado para castigarte constantemente.
Curiosamente, eso fue precisamente lo que más disfruté de mis tres horas con Outbound, cuya demo se ha convertido en una de las más populares del Steam Next Fest de febrero. Es una experiencia ligera y fluida. Se trata de un juego de supervivencia enfocado en intentar vivir lo mejor posible, no en evitar la muerte a toda costa. No existe realmente una forma incorrecta de jugar, porque el objetivo (si se permite el juego de palabras) es simplemente disfrutar del viaje.

Tampoco se te imponen metas estrictas. En ocasiones aparecerá un aviso indicando que puedes desbloquear un nuevo esquema o que hay una ubicación aún por descubrir, pero siempre con la sensación implícita de “solo si quieres”. Outbound no te reprende por jugar “mal”, porque en realidad no existe una forma correcta de hacerlo.
Eso no significa que falten sistemas con los que interactuar. Puedes construir una casa amplia, iniciar tu propia granja o incluso reunir un pequeño ejército amistoso de conejos alimentándolos con abundantes bayas. Todas estas mecánicas son fáciles de entender y, lo más importante, extraordinariamente indulgentes. Si lo único que deseas es comer algunos hongos silvestres y sentarte junto a una fogata con tu perro, el juego no te lo impedirá. Puedes estacionar tu robusta casa rodante y limitarte a observar cómo cae el sol en el horizonte. Ningún lobo aparecerá al anochecer para destrozarte. Solo acaricia a los conejos y deja que la calma del entorno natural te envuelva.
He visto algunas reseñas que se burlan de Outbound, calificándolo como “cozyslop”, y no puedo evitar sentir cierta compasión por quienes lo ven así. ¿Siempre necesitamos un complejo contenido final o una gran meta trascendental hacia la cual avanzar? ¿Es imprescindible que exista un destino claro? Si alguien se acerca a Outbound esperando una combinación entre Dark Souls y Burnout, probablemente terminará decepcionado (aunque la idea suene interesante). Pero si lo aborda como una mezcla entre Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta y Firewatch, encontrará exactamente lo que promete: un juego relajante sobre no hacer nada en particular.
Personalmente, ya espero con entusiasmo retomar mi partida y sumergirme por completo en esa experiencia acogedora cuando se lance la versión completa, prevista para antes del verano de 2026.
Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Agustín Azcarate. Aquí podrás encontrar la versión original.