En el panorama de los videojuegos independientes, a veces surgen proyectos que destacan por atreverse a mezclar ideas poco habituales. Algunos combinan géneros distintos, otros reinventan fórmulas conocidas. En este caso, la propuesta gira en torno a una premisa simple pero llena de tensión: organizar robos complejos junto a otros jugadores mientras algo impredecible puede arruinar el plan en cualquier momento. Tras ganar notoriedad en PC, esta experiencia se prepara para expandirse hacia un público mucho mayor.
Planear el golpe perfecto… hasta que todo se sale de control
El núcleo de Dark Hours gira alrededor de misiones de robo donde la estrategia y la coordinación entre jugadores resultan esenciales. Las partidas permiten formar equipos de hasta cuatro participantes, quienes deben colaborar para infiltrarse en lugares altamente protegidos y cumplir objetivos antes de que el caos estalle.
Los escenarios son variados y están diseñados para obligar a improvisar constantemente. Algunas misiones se desarrollan en casas de subastas llenas de piezas valiosas; otras llevan al grupo a museos con complejos sistemas de seguridad, casinos vigilados o incluso instalaciones industriales donde cada error puede activar una cadena de alarmas. También existen ubicaciones poco convencionales, como cruceros de lujo convertidos en escenarios de riesgo.
El objetivo principal no es eliminar enemigos ni avanzar disparando, sino ejecutar un plan cuidadosamente preparado. Los jugadores deben explorar el entorno, identificar rutas de acceso, hackear sistemas de seguridad o resolver pequeños acertijos para acceder a los objetos que buscan.
Sin embargo, la tensión aparece cuando el entorno comienza a comportarse de manera impredecible. A lo largo de las misiones pueden surgir criaturas sobrenaturales que alteran por completo el ritmo del robo. Estos enemigos no solo añaden peligro, también obligan al equipo a replantear su estrategia sobre la marcha.
Cada monstruo posee comportamientos distintos y debilidades específicas, por lo que la supervivencia depende de la observación, la comunicación y la rapidez para adaptarse. Ese contraste entre planificación meticulosa y caos repentino es uno de los elementos que define la experiencia.
Cooperación, decisiones difíciles y el riesgo constante de la traición
Aunque el juego está diseñado como una experiencia cooperativa, también introduce dinámicas que pueden romper la confianza entre los jugadores. En teoría, todos trabajan juntos para completar la misión y escapar con el botín. En la práctica, la situación puede volverse mucho más complicada.
El sistema permite repartir las ganancias entre todos los miembros del equipo o quedárselas de forma individual si alguien decide actuar por su cuenta. Esta posibilidad crea una tensión constante dentro del grupo, ya que nunca es seguro si todos los participantes tienen las mismas prioridades.
Cuando el plan comienza a fallar, las decisiones se vuelven todavía más drásticas. Algunos jugadores pueden optar por abandonar a sus compañeros para intentar escapar con vida y conservar parte del botín. Estas situaciones generan momentos inesperados que muchas veces terminan convirtiéndose en las anécdotas más recordadas de cada partida.
Para afrontar los desafíos del entorno, los jugadores cuentan con una amplia variedad de herramientas. Entre ellas aparecen dispositivos de hackeo, granadas de interferencia electromagnética, artefactos de teletransporte improvisados o cámaras instantáneas que pueden utilizarse de maneras creativas.
Además, el sistema multijugador incluye juego cruzado entre plataformas, lo que permite formar equipos sin importar el sistema desde el que cada persona esté jugando. El juego también integra un sistema de amigos pensado para organizar partidas con grupos habituales.
Junto al modo principal, existen variantes que cambian el ritmo de la experiencia, incluyendo desafíos competitivos entre diferentes equipos de ladrones y pequeños minijuegos inspirados en pruebas populares que exigen improvisación constante.
Mafias, reputación y misiones que se vuelven cada vez más peligrosas
Más allá de las misiones individuales, el juego introduce un sistema de progresión basado en facciones criminales. A medida que los jugadores completan robos, pueden ganar reputación con diferentes organizaciones mafiosas que operan dentro del universo del juego.
Cada facción ofrece contratos particulares y recompensas específicas. Algunas misiones priorizan el sigilo absoluto, mientras que otras obligan a destruir evidencias o enfrentarse a enemigos humanos y criaturas peligrosas en situaciones mucho más directas.
Este sistema impulsa a los jugadores a especializar su estilo de juego y a elegir qué tipo de ladrón quieren convertirse dentro del mundo del juego. También se complementa con un amplio catálogo de personalización que incluye más de cien objetos cosméticos para modificar la apariencia de los personajes.
El nivel de desafío puede ajustarse mediante varios modos de dificultad. El más exigente recibe el nombre de modo Pesadilla, una variante donde los monstruos se vuelven más agresivos, los sistemas de seguridad son más complejos y cualquier error puede desencadenar consecuencias graves para el equipo.
En esas condiciones, incluso una pequeña distracción —activar una alarma o atraer la atención de una criatura— puede provocar una reacción en cadena que arruine toda la misión. Pero precisamente esa imprevisibilidad es parte del atractivo del juego.
Después de superar el medio millón de copias vendidas en PC, Dark Hours se prepara para debutar en PlayStation 5 y Xbox Series el 22 de abril. El salto a consolas marca una nueva etapa para este proyecto independiente, que busca ampliar su comunidad llevando su combinación de robos cooperativos y horror a un público mucho más amplio.