Es difícil criticar la Opening Night Live de Gamescom sin terminar atacando accidentalmente a juegos que probablemente no lo merecen, pero lo cierto es que fue una presentación bastante decepcionante. Geoff Keighley conduce algunos de los eventos de videojuegos en inglés más importantes del año, y la presentación celebrada en Alemania suele ser la que transmite una menor sensación de selección y organización. Este año, además, parece que el propio formato terminó beneficiando a muy pocos de los juegos que subieron al escenario.

Si sacáramos individualmente la mayoría de los tráileres de las dos horas que duró el evento, probablemente encontraríamos muchos motivos para entusiasmarnos. Sin embargo, la selección y el orden de Gamescom terminaron perjudicando a numerosos títulos, ya que muchos compartían ambientaciones, mecánicas y estilos visuales demasiado similares. Al final, todos comenzaron a mezclarse entre sí, dejando una imagen bastante monótona de los próximos meses.

Acabo de escribir nuestro resumen de la presentación y, aproximadamente a mitad del evento, descubrí que empezaba a quedarme sin cosas nuevas que decir sobre cada juego de fantasía oscura, shooter de estética provocadora o título inspirado en el anime al estilo de HoYoverse que aparecía en pantalla y desaparecía poco después sin conseguir causar demasiado impacto.

Evidentemente, Keighley se había reservado algunos grandes juegos para utilizarlos como principales protagonistas de la noche. Sin embargo, la aparición de Final Fantasy VII Revelation fue demasiado breve después de haber pasado casi dos horas viendo títulos que difícilmente conseguían diferenciarse de manera significativa del resto.

La revelación final de la noche, una remasterización de The Witcher 3, probablemente fue la mayor sorpresa de toda la presentación. Sin embargo, resulta un cierre algo anticlimático si tenemos en cuenta que hablamos de un juego lanzado hace 11 años. Al menos recibirá una importante expansión el próximo año, por lo que habrá contenido realmente nuevo en el horizonte.

Este es el mismo problema al que se han enfrentado eventos como Wholesome Games. Cuando una presentación está demasiado enfocada en una temática o estilo específico, mostrar demasiados juegos de manera consecutiva aumenta considerablemente el riesgo de que todos terminen confundiéndose entre sí.

Además, cuanto más se prolonga el evento, menos tiempo tiene el público para asimilar algo que acaba de parecerle interesante antes de que su memoria inmediata quede ocupada por el siguiente juego, que quizá tampoco sea lo suficientemente diferente del anterior.

La Gamescom de este año dio la sensación de ser el evento secundario dentro de las presentaciones de Geoff Keighley. Summer Game Fest ha ocupado el lugar que tradicionalmente tenía el E3 como la gran cita veraniega a la que todos prestan atención, mientras que The Game Awards busca consolidar su prestigio posicionándose como una especie de “Oscar de los videojuegos”.

Esto deja a Gamescom en una posición un tanto incómoda, ya que en ocasiones parece convertirse en el espacio donde Keighley y su equipo presentan todos esos juegos que no tienen suficiente peso como para encabezar alguno de sus eventos más importantes y espectaculares.

Y aunque algunos de estos títulos seguramente se beneficiarán de aparecer en un escaparate de este tipo, tampoco les hace ningún favor terminar eclipsados por un nombre de la magnitud de Final Fantasy VII.

Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Agustín Azcarate. Aquí podrás encontrar la versión original.

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