Salir de bares con amigos suele parecer un plan sencillo hasta que alguien empieza a intercambiar vasos y deja de ser evidente qué bebida tiene cada jugador. A partir de ahí, la noche cambia por completo. La nueva propuesta de Ugly Hydra Duck toma esa idea y la convierte en un juego de fiesta donde la confianza puede ser más peligrosa que cualquier minijuego.

La partida reúne entre dos y cuatro jugadores en un recorrido por distintos bares. El objetivo no consiste simplemente en beber más que los demás, sino en sobrevivir a una noche llena de trampas, decisiones dudosas y pequeños sabotajes entre amigos. Y hay un detalle que puede cambiarlo todo: los vasos no permiten ver qué contienen.

Una noche de bares donde nadie parece de fiar

La estructura de Mad Friday gira alrededor de una serie de locales con estilos muy diferentes. La noche puede comenzar en un izakaya iluminado por neones, continuar en un pub británico de aspecto desgastado y terminar en un bar frecuentado por motociclistas, donde la decoración parece tan peligrosa como los propios jugadores.

Cada parada combina minijuegos competitivos con un sistema de bebidas que modifica progresivamente el estado del personaje. Dardos, combates de boxeo y carreras callejeras forman parte de las pruebas que pueden aparecer durante la partida, pero el verdadero problema comienza cuando los jugadores dejan de saber exactamente qué están bebiendo.

El sistema está diseñado alrededor de la desconfianza. Los vasos son opacos y pueden intercambiarse entre participantes, así que aceptar una bebida de un amigo no siempre será una buena idea. Una sonrisa, una invitación aparentemente inocente o un intercambio rápido pueden esconder una estrategia para hacer que otro jugador termine mucho peor.

La gracia está en que la intoxicación tampoco aparece representada mediante una cifra sencilla en la interfaz. Cuanto más aumenta el nivel de alcohol del personaje, más difícil resulta interpretar lo que sucede en pantalla. La imagen comienza a deformarse, los elementos pierden estabilidad y las siluetas pueden desplazarse ligeramente de su posición.

Ese sistema, denominado DrunkFX, busca que el jugador experimente el estado del personaje en lugar de limitarse a observar una barra de estadísticas. La propia pantalla se convierte así en una señal de alerta, aunque también puede hacer más difícil distinguir entre un problema real y una trampa preparada por los demás.

El alcohol se convierte en una herramienta para sabotear

La mecánica central plantea una pregunta sencilla: ¿qué ocurre si nadie puede confiar en el vaso que tiene delante? La respuesta es una experiencia donde beber deja de ser únicamente una forma de avanzar y pasa a convertirse en una herramienta para manipular el resultado de la partida.

Los jugadores pueden intercambiar bebidas y tratar de conseguir que sus rivales consuman aquellas que tengan peores consecuencias. Esto genera una dinámica en la que observar el comportamiento de los demás puede ser tan importante como ganar los minijuegos.

La competición, por tanto, no se limita a tener mejores reflejos. También requiere interpretar las intenciones del resto del grupo. Un jugador que ofrece ayuda puede estar preparando una jugada, mientras que quien parece estar cometiendo errores quizá simplemente esté intentando engañar a sus rivales sobre su verdadero estado.

La propuesta mezcla así cooperación y enfrentamiento. Los participantes avanzan juntos por la noche, pero cada uno tiene motivos para intentar que los demás sean quienes sufran las peores consecuencias. El resultado busca apoyarse en esas situaciones espontáneas que suelen terminar en gritos, acusaciones y risas cuando varios amigos juegan en la misma partida.

Visualmente, el proyecto apuesta por una estética inspirada en los videojuegos de la era de PlayStation, con personajes de proporciones exageradas y escenarios de apariencia deliberadamente sencilla. El estilo encaja con una experiencia pensada para generar momentos fáciles de compartir, especialmente cuando el sistema de intoxicación comienza a distorsionar la acción.

La fórmula recuerda a la estructura de juegos de fiesta como Pummel Party, mientras que su componente de tensión y engaño se acerca a propuestas como Buckshot Roulette. Sin embargo, aquí el principal elemento de incertidumbre está dentro de un vaso que el jugador no puede inspeccionar.

Mad Friday prepara su llegada a Steam

El desarrollo corre a cargo de Ugly Hydra Duck, un proyecto creado por un único desarrollador que busca convertir una situación cotidiana en una experiencia multijugador centrada en el caos y la traición. La primera prueba jugable está prevista para septiembre de 2026 mediante Steam Playtest.

Más adelante, los jugadores podrán probar una demo durante Steam Next Fest, que se celebrará del 19 al 26 de octubre de 2026. Será una oportunidad para comprobar cómo funciona la combinación de minijuegos, bebidas intercambiables y efectos visuales asociados al estado de los personajes.

El lanzamiento completo está previsto para diciembre de 2026 en PC a través de Steam. El juego también contará con interfaz y subtítulos en diez idiomas, un detalle especialmente relevante para una propuesta cuya gracia depende en buena medida de la interacción entre jugadores.

La estructura para dos a cuatro participantes está pensada para partidas en las que la diversión surja tanto de las reglas como de las decisiones tomadas durante la noche. No hace falta ser el jugador con mejores reflejos para tener posibilidades de ganar. Saber cuándo aceptar una bebida, cuándo intercambiarla y cuándo desconfiar puede resultar mucho más importante.

Mad Friday apuesta, en definitiva, por una fórmula sencilla de entender pero con suficientes elementos para generar situaciones imprevisibles. Una noche de bares se convierte en un juego de engaño donde la pantalla puede empezar a mentir, los amigos pueden estar preparando una trampa y un vaso aparentemente normal puede cambiar por completo el rumbo de la partida.

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