La industria audiovisual vive una semana clave. La posible fusión entre Netflix y Warner Bros. Discovery no solo reconfiguraría el mapa global del streaming: podría convertirse en una de las operaciones más grandes jamás vistas en Hollywood.
Pero aún no está todo cerrado.
Paramount tiene plazo hasta el lunes 23 de febrero para presentar una oferta definitiva que cambie el rumbo de la historia. La cifra en juego es colosal: 82.700 millones de dólares es el monto acordado en la propuesta de Netflix. Y, sin embargo, la puerta no está completamente cerrada.
La pregunta ahora no es solo quién pagará más. Es quién logrará convencer a accionistas, reguladores… y a actores políticos que ya observan el proceso con lupa.
Una oferta que supera los 100.000 millones y agita el tablero
El 10 de febrero, Paramount Skydance (liderada por David Ellison) presentó una propuesta alternativa para adquirir Warner Bros. Discovery por 108.000 millones de dólares. La financiación, según comunicó la compañía, combinaría capital proveniente de Oracle (a través de Larry Ellison), respaldo bancario y apoyo de fondos soberanos de Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
La operación fue calificada como adquisición hostil: un intento de tomar el control dirigiéndose directamente a los accionistas.
La respuesta de Netflix no tardó. Mejoró su propuesta comprometiéndose a pagar íntegramente en efectivo y aceptó una exención extraordinaria de siete días para que se reabrieran las conversaciones entre Warner y Paramount.
Desde Warner Bros. Discovery, el CEO David Zaslav confirmó que estudiarán la nueva oferta hasta el 23 de febrero, aunque dejó clara su preferencia actual: mantienen el compromiso con el acuerdo con Netflix.
“Seguimos recomendando y manteniendo nuestro pleno compromiso con el acuerdo de fusión con Netflix”, señala la comunicación oficial.
Netflix, por su parte, cuestionó el ajuste de 16.000 millones de dólares en ahorros proyectados por Paramount, advirtiendo que un plan basado en recortes de ese tamaño debería ser una “señal de alerta” para reguladores y sindicatos.
La batalla dejó de ser silenciosa.
Cuando la política entra en escena
La tensión financiera se mezcla con un componente político que añade incertidumbre. Donald Trump ha identificado en varias ocasiones a Larry y David Ellison como aliados cercanos. Consultado recientemente sobre la operación, señaló que uno de los jugadores podría convertirse en “un monopolio” si logra cerrar el acuerdo.
El comentario no es menor.
Dentro de Warner Bros. Discovery se encuentra CNN, una señal históricamente crítica con Trump. Diversos analistas especulan con que una eventual adquisición por parte de Paramount podría alinearse mejor con determinados intereses políticos en Estados Unidos.
Aunque no existe intervención formal anunciada, la mera posibilidad de presión regulatoria podría alterar los tiempos o incluso modificar las condiciones del acuerdo.
Y eso cambia el escenario.
Lo que parecía una operación financiera entre gigantes tecnológicos y mediáticos se convierte en un movimiento con implicancias estratégicas más amplias: control de contenido, concentración de mercado, influencia informativa y peso geopolítico.
Una decisión que puede redefinir Hollywood
Si Netflix logra cerrar la fusión, consolidaría una posición dominante inédita en el ecosistema del streaming y el entretenimiento global. Sumando bibliotecas, estudios, señales de noticias y franquicias históricas, el nuevo conglomerado redefiniría la competencia frente a otros gigantes.
Si Paramount consigue torcer el rumbo con una oferta superior, el mapa quedaría igualmente alterado, pero con un reparto de poder distinto y una estructura financiera más compleja.
El lunes marca el límite formal. Pero incluso si ese plazo se cumple, los reguladores podrían extender el drama durante meses.
Hollywood está acostumbrado a los finales abiertos.
Esta vez, el guion lo escriben banqueros, CEOs… y quizás también la Casa Blanca.