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Ubisoft cierra el estudio que acababa de sindicalizarse pero asegura que no tiene nada que ver. El equipo trabajaba en Assassin’s Creed y Rainbow Six Mobile

Ubisoft anunció el cierre de su estudio en Halifax, Canadá, apenas semanas después de que la mayoría de su plantilla se afiliara a un sindicato. La compañía sostiene que la decisión estaba tomada desde antes y forma parte de un plan de recorte de costes a largo plazo, pero el calendario ha encendido las alarmas dentro y fuera de la industria.

Ubisoft Halifax, el equipo de desarrollo móvil con sede en Nueva Escocia, confirmó en diciembre que 61 de sus 71 empleados se habían unido al Game & Media Workers Guild of Canada, formalizando así su sindicalización. A principios de enero, Ubisoft comunicó que el estudio cerrará sus puertas y que los 71 puestos de trabajo se verán afectados.

En un comunicado enviado a GamesIndustry.biz, la compañía negó que la decisión tenga relación con la sindicalización del equipo y la enmarcó dentro de un proceso de reestructuración más amplio.

“Durante los últimos 24 meses, Ubisoft ha llevado a cabo acciones en toda la empresa para optimizar operaciones, mejorar la eficiencia y reducir costes”, señaló la empresa. “Como parte de este proceso, Ubisoft ha tomado la difícil decisión de cerrar su estudio de Halifax. 71 puestos se verán afectados. Estamos comprometidos a apoyar a todos los miembros del equipo impactados durante esta transición, con recursos que incluyen paquetes de indemnización y asistencia adicional para la carrera profesional.”

Sobre el papel, la explicación encaja con el contexto general de Ubisoft. La compañía lleva varios años aplicando recortes, reorganizando equipos y reduciendo plantilla en distintas filiales. Estudios como Massive Entertainment, responsable de Star Wars Outlaws, también han sufrido ajustes, y en los últimos meses se han producido salidas de altos cargos en un intento por contener costes tras una etapa financiera complicada.

En 2024, Ubisoft recibió una inyección de 1.250 millones de dólares por parte de Tencent, un movimiento que evitó un escenario aún más crítico, pero que vino acompañado de una presión evidente por adelgazar estructuras y mejorar márgenes.

Aun así, la secuencia de los acontecimientos resulta, como mínimo, incómoda. Un estudio se sindicaliza en diciembre. En enero se anuncia su cierre. Ubisoft insiste en que ambas cosas no están relacionadas. Legalmente puede ser cierto. Comunicativamente, es un desastre.

Incluso si la decisión estaba tomada de antemano, el impacto simbólico es fuerte: un equipo pequeño, que acaba de organizarse para mejorar sus condiciones laborales, desaparece del mapa en cuestión de semanas. En una industria donde la sindicalización sigue siendo excepcional y a menudo vista con recelo por las grandes editoras, el mensaje que se percibe hacia fuera no es precisamente tranquilizador.

Ubisoft Halifax había estado trabajando en dos proyectos relevantes dentro del catálogo móvil de la compañía: Rainbow Six Mobile y Assassin’s Creed Rebellion, ambos free-to-play basados en algunas de las franquicias más importantes del grupo. El cierre del estudio deja en el aire el futuro de estos desarrollos, especialmente el de Rainbow Six Mobile, que tenía previsto su lanzamiento global el 23 de febrero.

Por ahora, Ubisoft no ha detallado cómo se redistribuirá el trabajo ni qué equipos asumirán esos proyectos. Tampoco ha dado más explicaciones sobre por qué Halifax fue el estudio elegido para el cierre dentro de su estrategia de recortes.

La compañía insiste en que se trata de una decisión empresarial, no política. Que es eficiencia, no represalia. Que es reorganización, no castigo. Pero en una industria marcada por despidos masivos, cierres repentinos y una creciente tensión entre trabajadores y grandes editoras, el matiz importa menos que la percepción.

Y la percepción, esta vez, es difícil de ignorar: un estudio se sindicaliza y, poco después, desaparece.

Puede que no sea “union busting”. Puede que sea simple mala sincronización. Pero, como mínimo, es un recordatorio incómodo de lo frágil que sigue siendo la estabilidad laboral en el desarrollo de videojuegos, incluso cuando los equipos intentan organizarse para protegerla.

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