La relación entre las grandes compañías de videojuegos y sus trabajadores continúa atravesando momentos de tensión. En esta ocasión, el foco está puesto en King, el estudio responsable del exitoso Candy Crush, cuya respuesta a una petición impulsada por sus empleados ha provocado una fuerte decepción entre quienes esperaban un cambio en las condiciones laborales. La decisión llega, además, en un contexto especialmente delicado para la industria.

King rechaza el acuerdo colectivo solicitado por sus empleados en Suecia

Después de casi un año de conversaciones con los sindicatos suecos Unionen y Sveriges Ingenjörer, King decidió no firmar un convenio colectivo de trabajo (CBA, por sus siglas en inglés), una medida que había sido impulsada por un grupo de empleados del estudio.

La decisión fue comunicada internamente en junio mediante un correo electrónico enviado por el presidente de la compañía, Todd Green. En el mensaje, el ejecutivo aseguró que la resolución fue analizada cuidadosamente antes de llegar a una conclusión y explicó que existían dos motivos principales para rechazar la propuesta.

El primero de ellos está relacionado con los beneficios que actualmente reciben los trabajadores. Según la empresa, las condiciones laborales que ofrece ya superan en varios aspectos las contempladas habitualmente en un convenio colectivo. Entre ellas mencionó mejoras en los planes de pensiones, compensaciones por bajas médicas prolongadas, seguros privados de salud y políticas de licencias parentales.

Desde la perspectiva de King, la firma de un convenio obligaría a modificar la estructura de estos beneficios, algo que, según considera la compañía, terminaría perjudicando a los empleados de sus oficinas en Suecia.

La segunda razón tiene que ver con la organización interna del estudio. La dirección sostiene que su modelo operativo actual es el más adecuado para una empresa con presencia internacional y múltiples sedes distribuidas entre Europa y Estados Unidos. Adaptarse a un convenio colectivo específico para Suecia implicaría modificar procesos internos, políticas corporativas y métodos de trabajo, algo que la empresa no considera conveniente en este momento.

Pese al rechazo, Green afirmó que King continuará manteniendo un diálogo abierto con los representantes sindicales y subrayó que la decisión no supone una falta de respeto hacia el modelo laboral sueco ni hacia las organizaciones sindicales.

Un conflicto que comenzó antes de los despidos masivos

El origen de esta situación se remonta a finales de 2024, cuando la eliminación inesperada de un beneficio relacionado con la atención médica privada generó un profundo malestar entre parte de la plantilla. Ese episodio impulsó a numerosos empleados a organizarse para obtener una mayor participación en las decisiones que afectan sus condiciones laborales.

En Suecia, el sistema sindical funciona de manera diferente al de otros países. La mayoría de los trabajadores puede afiliarse libremente a sindicatos sectoriales, que negocian condiciones generales para toda una industria. Sin embargo, cuando un grupo suficiente de empleados de una empresa decide organizarse, puede crear una representación sindical propia con el objetivo de negociar un convenio colectivo adaptado a esa compañía.

Este modelo ya ha sido adoptado anteriormente por importantes estudios de videojuegos como Paradox Interactive y Avalanche Studios, que lograron establecer convenios específicos para sus trabajadores.

Las negociaciones entre King y los sindicatos comenzaron en 2025, pero coincidieron con uno de los periodos más complicados para la empresa. Primero llegaron importantes despidos internos y, posteriormente, el estudio también se vio afectado por la gran ola de recortes ejecutada por Xbox durante 2026, tras la adquisición de Activision Blizzard por parte de Microsoft. Hasta el momento no se ha precisado cuántos de esos despidos correspondieron a empleados de las oficinas suecas.

Los sindicatos no ocultan su decepción y mantienen abierta la negociación

La respuesta de King no cayó bien entre los representantes sindicales. Desde Unionen señalaron que la negativa resulta «naturalmente decepcionante» para muchos trabajadores que participaron activamente en el proceso y que consideran un convenio colectivo como una herramienta para garantizar mayor transparencia, estabilidad e influencia dentro de la empresa.

El sindicato explicó que una parte importante de la plantilla respaldó la iniciativa con la expectativa de obtener reglas más claras respecto a beneficios, condiciones laborales y procesos internos. Aunque evitó polemizar con los argumentos expuestos por la compañía, dejó claro que continuará apoyando a sus afiliados.

Tras el verano europeo, Unionen retomará las conversaciones con los empleados para evaluar los próximos pasos. Entre las alternativas podrían contemplarse nuevas negociaciones o distintas formas de presión colectiva, aunque por ahora no existe ninguna medida confirmada.

Por su parte, King reiteró públicamente que mantiene un profundo respeto por el modelo laboral sueco y defendió que sus condiciones de empleo ya son competitivas e incluso superiores a las que ofrecería un convenio colectivo tradicional. La empresa también aseguró que continuará colaborando con los representantes sindicales locales y mantendrá canales de comunicación abiertos para abordar futuras inquietudes de sus trabajadores.

El desenlace deja abierta una cuestión que cada vez gana más protagonismo dentro de la industria del videojuego: el creciente interés de los desarrolladores por fortalecer su representación laboral frente a compañías que atraviesan una etapa marcada por reestructuraciones, despidos y cambios organizativos.

Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Agustín Azcarate. Aquí podrás encontrar la versión original.

You May Also Like