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3. Extraterrestre 3 (1992)

Extraterrestre 3 es una de las películas más despiadadas que se han hecho, un descenso a la crueldad cinematográfica pura donde la sobrevivencia no es solo imposible, es una broma enferma. Fincher no pierde tiempo en quitar la consuelo a la audiencia, matando a personajes amados de Extraterrestres en los momentos iniciales, convirtiendo la reñida victoria de la última película en una tragedia sin sentido. Ellen Ripley (Sigourney Weaver) es arrojada al escenario más sombrío imaginable: un planeta prisión infernal donde las paredes gotean suciedad, los hombres son tan depredadores como la criatura que los caza y La esperanza es poco más que una ocurrencia de último momento. El momento más depravado de la película llega con la escena del perro (o buey) que revienta el pecho, en la que un extraterrestre desgarra violentamente a su anfitrión, un nacimiento grotesco bañado en sangre y agonía, que demuestra que el sufrimiento es la única constante en este mundo.

Pero la crueldad de la película no se detiene en el horror corporal: es psicológica, existencial e ineludible. Ripley, una vez guerrera, se ve reducida a un recipiente para aquello que la ha atormentado durante años, su cuerpo profanado por fuerzas que escapan a su control. No hay catarsis en su acto final: arrojarse a un mar de fuego no es desafío, es sumisión, el único escape de un universo que la ha masticado y escupido una y otra vez. Fincher no se limita a desnudarse Extraterrestre 3 de esperanza—se deleita en su ausencia, creando una película que no solo asusta, sino que castiga, asegurándose de que al final, el público se sienta tan destrozado como la propia Ripley.

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