Los accionistas de Electronic Arts (EA) dejan claro que están a favor de una compra, venga el dinero de donde venga. La venta, que convertiría a la compañía —con 43 años de historia— en una empresa controlada mayoritariamente por el Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudí, podría concretarse a comienzos de 2027, siempre y cuando obtenga la aprobación de los gobiernos correspondientes, ahora que los inversores públicos ya votaron a favor del acuerdo.
Y esa aprobación gubernamental podría no ser demasiado complicada, teniendo en cuenta que Jared Kushner, yerno de Donald Trump, también saldría beneficiado con el 1,1 % de la operación.
El acuerdo completo convertiría a Electronic Arts (EA) en una empresa privada, 37 años después de su salida a bolsa, con una estructura de propiedad desigual entre tres grupos. La enorme mayoría —un abrumador 93,4 %— quedaría en manos del régimen del príncipe heredero Mohammed bin Salman, a través del fondo soberano de Arabia Saudí. El 5,5 % iría a la firma de capital privado californiana Silver Lake, y el 1,1 % restante a Affinity Partners, la firma de inversión de Jared Kushner, que está, bueno, financiada principalmente por Arabia Saudí. De concretarse, los accionistas de EA recibirían una cifra enorme: 210 dólares por acción.
Aunque esto supone un gran “payday” para los accionistas (lo que obviamente incluye a la dirección de EA), también dejaría a la compañía cargando con unos 20.000 millones de dólares en deuda para poder pagar un precio por acción absurdamente inflado. Eso hundiría su calificación crediticia y hace difícil ver cómo podría sostenerse a largo plazo. Y, por supuesto, está la cuestión clave de que la empresa quedaría casi por completo bajo el control de un Estado que persigue a personas por ser gay o trans, asesina periodistas y niega derechos básicos a las mujeres. Los empleados de EA tienen razones de sobra para estar preocupados, más allá de cualquier intento del fondo soberano por “lavar” la imagen del país, y no hay forma de saber cómo esta propiedad podría afectar desde las políticas internas más básicas hasta el contenido de los juegos.
¿Y ahora qué?
Dado el estado precario en el que quedaría EA con una deuda prácticamente imposible de manejar, y la probable salida tanto de trabajadores despedidos para recortar costos como de quienes se irían por rechazo moral, parece extremadamente improbable que la compañía pueda sobrevivir en una forma reconocible. Si bien títulos como FC 26 y Battlefield 6 son grandes éxitos, también implican inversiones enormes para retornos relativamente menores si se los compara con el “slop” móvil que hoy representa más de la mitad de los 200.000 millones de dólares que mueve la industria del videojuego.
El acuerdo seguramente enfrentará un escrutinio prolongado a nivel global, tal como ocurrió con la compra de Activision Blizzard King por parte de Microsoft por 67.000 millones de dólares, aunque podría tener un camino más sencillo en Estados Unidos. Si bien la Federal Trade Commission luchó con fuerza contra el acuerdo de Microsoft, bajo Donald Trump todo está en el aire, y la participación de Kushner bien podría aceitar los engranajes regulatorios.
Desde la perspectiva de los accionistas, sin embargo, EA es una empresa que se ha estancado, con pocos grandes hits en los últimos años y sin señales claras de una recuperación a corto plazo. Esta operación representa una oportunidad para salir con una ganancia enorme, sin importar el costo humano ni el futuro de la compañía.
Este artículo ha sido traducido de Kotaku US por Mateo Lucio. Aquí podrás encontrar la versión original.