Bethesda ha construido algunos de los videojuegos más importantes de las últimas décadas, pero detrás de sagas como Fallout y The Elder Scrolls también existía una cultura laboral que muchos empleados valoraban especialmente. Permanecer durante años, desarrollar una carrera e incluso jubilarse dentro de la compañía parecía una posibilidad real. Sin embargo, varios trabajadores aseguran que aquella sensación de estabilidad ha comenzado a desaparecer.
La compra que debía aportar estabilidad terminó cambiando el panorama
Microsoft completó en 2021 una de las operaciones más importantes de la historia reciente de los videojuegos al adquirir ZeniMax Media, matriz de Bethesda, por más de 7.500 millones de dólares. Con la operación, estudios como Bethesda Game Studios, id Software, Arkane y MachineGames pasaron a formar parte del ecosistema Xbox.
En aquel momento, la adquisición podía interpretarse como una oportunidad para proporcionar estabilidad financiera a unos equipos responsables de franquicias extremadamente valiosas. Cinco años después, algunos trabajadores describen una realidad bastante diferente.
La semana pasada, la Communications Workers of America (CWA) y OneBGS, sindicato que representa a trabajadores de Bethesda Game Studios, participaron en la movilización Save Our Devs.
Las protestas tuvieron lugar simultáneamente en diferentes puntos de Estados Unidos y Canadá, además de contar con presencia en Twitch. Su objetivo era denunciar los despidos recurrentes dentro de la industria del videojuego y reclamar mejores condiciones laborales y contratos más sólidos en los estudios pertenecientes a Microsoft.
Entre los empleados que participaron se encontraba Alex Nguyen, artista de Bethesda, quien explicó a Kotaku que ha percibido un cambio significativo desde que ZeniMax quedó integrada dentro de Microsoft.
Según su experiencia, los despidos no eran anteriormente una situación habitual. Ahora, sin embargo, asegura que las reducciones de plantilla parecen haberse convertido en algo prácticamente anual.
El problema no termina cuando desaparecen varios puestos de trabajo
La preocupación expresada por Nguyen va más allá del impacto inmediato que supone perder compañeros.
En estudios responsables de videojuegos enormes, determinadas tareas pueden depender de profesionales que llevan años trabajando con herramientas, sistemas y tecnologías internas extremadamente específicas. Cuando esas personas desaparecen simultáneamente, también puede marcharse con ellas una parte importante del conocimiento acumulado durante el desarrollo.
El artista pone como ejemplo una situación especialmente delicada: si únicamente cinco empleados conocen en profundidad cómo funciona determinada parte de un proyecto y todos terminan fuera de la compañía, el equipo restante puede verse obligado a reconstruir ese conocimiento prácticamente desde cero.
Eso no solo afecta a la productividad. También puede perjudicar la moral de quienes permanecen trabajando.
Nguyen considera además que algunos de los grandes proyectos de Bethesda necesitaron precisamente aquello que ahora teme que pueda estar desapareciendo: tiempo, continuidad y equipos capaces de evolucionar juntos durante años.
Entre los ejemplos menciona Fallout 76 y The Elder Scrolls Online. Ambos proyectos tuvieron lanzamientos o etapas iniciales complicadas y necesitaron un trabajo prolongado para evolucionar hasta convertirse en productos capaces de mantener comunidades activas.
Su argumento es que esa recuperación resulta mucho más complicada cuando existe una incertidumbre permanente sobre quién continuará trabajando en el proyecto después de cada reorganización.
Bethesda tenía algo que no era tan habitual dentro de la industria
Otro elemento especialmente llamativo de las declaraciones de Nguyen tiene que ver con la cultura laboral que tradicionalmente rodeaba a Bethesda y otros estudios pertenecientes a ZeniMax.
Según explica, durante años era habitual encontrarse con profesionales que imaginaban toda su carrera dentro de la misma compañía.
Algunos empleados acumulaban una enorme antigüedad y contemplaban Bethesda como el lugar donde eventualmente podrían jubilarse. Para trabajadores acostumbrados a una industria caracterizada por proyectos temporales, cierres de estudios y frecuentes cambios de empresa, esa estabilidad podía convertirse en un beneficio considerable.
El desarrollador sostiene que esa percepción ha cambiado.
Los despidos, además, no afectarían exclusivamente a puestos alejados del desarrollo cotidiano. Nguyen recuerda que también han desaparecido profesionales encargados de tareas fundamentales para conseguir que los videojuegos funcionen correctamente y finalmente lleguen hasta los jugadores.
La situación forma parte de un problema mucho más amplio que atraviesa actualmente la industria. Durante los últimos años, numerosos estudios y grandes compañías han reducido plantillas después de un periodo marcado por adquisiciones, crecimiento acelerado e importantes inversiones.
Pero en Bethesda la cuestión resulta particularmente sensible precisamente porque esa estabilidad laboral había sido durante mucho tiempo una característica diferencial.
Una protesta coincidió con una visita especialmente importante para Bethesda
Las reivindicaciones sindicales dejaron además una imagen difícil de ignorar.
Durante una de las protestas celebradas frente a Bethesda apareció una enorme rata inflable, un elemento tradicionalmente utilizado por organizaciones sindicales estadounidenses para denunciar conflictos laborales y determinadas prácticas empresariales.
La movilización coincidió con un momento particularmente llamativo dentro del estudio.
Ese mismo día, Asha Sharma, CEO de Xbox, visitaba las instalaciones para asistir a una demostración de The Elder Scrolls VI, uno de los videojuegos más esperados de Bethesda y también uno de los proyectos más importantes de Microsoft para los próximos años.
El contraste resulta significativo: mientras dentro del estudio se mostraba el futuro de una de las franquicias más valiosas de Xbox, fuera algunos trabajadores reclamaban garantías sobre el suyo.
Bethesda continúa trabajando en proyectos enormes y sus franquicias siguen teniendo un peso extraordinario dentro de la estrategia de Microsoft. Sin embargo, para parte de sus empleados, la cuestión ya no gira únicamente alrededor de qué juego llegará después.
También existe una pregunta mucho más cercana: cuántas de las personas que están construyéndolo podrán seguir allí cuando llegue el siguiente.