Los grandes juegos de construcción suelen convertir al jugador en una especie de arquitecto omnisciente que observa todo desde arriba. Prospera quiere romper con esa idea y colocar al jugador directamente en las calles de una ciudad industrial. Aquí habrá que construir, organizar fábricas, mover mercancías y comprobar de cerca cómo viven quienes habitan el lugar.
Una ciudad industrial que puedes recorrer a pie
La propuesta de Active Fungus Studios y Toplitz Productions parte de una idea bastante clara: transformar el clásico city builder en una experiencia que también pueda vivirse desde dentro. El jugador podrá alternar entre una perspectiva en primera persona y otra en tercera persona para recorrer la ciudad, construir nuevas instalaciones y comprobar cómo funcionan las decisiones tomadas.
El escenario estará inspirado en una versión ficticia de la época victoriana, justo cuando las máquinas de vapor y las nuevas industrias comienzan a transformar las ciudades. El punto de partida será mucho más modesto. Habrá que levantar las primeras viviendas, crear pequeños centros de producción y establecer comercios antes de convertir ese asentamiento inicial en un núcleo industrial mucho más complejo.
La diferencia estará en cómo se realizan muchas de esas tareas. En lugar de limitar la construcción a menús y cifras, será posible desplazarse físicamente por el entorno y utilizar herramientas y planos para desarrollar la ciudad. Las vías ferroviarias, por ejemplo, no serán únicamente una cifra dentro de una pantalla: formarán parte visible de la infraestructura que conecta fábricas, almacenes y zonas residenciales.
El mundo abierto también tendrá importancia. Los trabajadores se desplazarán por sus rutas habituales, los residentes realizarán sus actividades diarias y las instalaciones industriales funcionarán como parte de una economía basada en el movimiento físico de mercancías.
Esto permitirá observar los problemas desde una perspectiva diferente. Un almacén mal situado, una ruta demasiado larga o una infraestructura insuficiente podrán detectarse recorriendo las calles y siguiendo el flujo de trabajadores y productos.
La intención es que el jugador no se limite a contemplar cómo crece su ciudad, sino que pueda experimentar directamente su evolución. El salto desde un pequeño asentamiento hasta una enorme potencia industrial dependerá de decisiones que tendrán consecuencias visibles en cada rincón del mapa.
Fábricas, trenes y una economía que no se queda en los menús
La expansión industrial será uno de los grandes pilares de la experiencia. La producción comenzará con instalaciones sencillas y podrá evolucionar hacia complejos mucho más grandes, conectados mediante diferentes sistemas de transporte y cadenas de suministro.
Cada mercancía tendrá un recorrido físico. Los productos deberán almacenarse, transportarse y utilizarse en diferentes procesos, por lo que organizar correctamente la logística será fundamental para evitar cuellos de botella. Las primeras carretillas y transportes manuales terminarán dando paso a redes ferroviarias capaces de mover grandes cantidades de recursos por el territorio.
La automatización también tendrá un peso importante. El jugador podrá diseñar líneas de producción y ampliar progresivamente sus instalaciones hasta convertir varias fábricas en grandes centros industriales. La planificación será esencial porque aumentar la producción también significa incrementar las necesidades de transporte, almacenamiento y personal.
El sistema económico estará conectado directamente con los habitantes. Los ciudadanos no serán simples números utilizados para calcular estadísticas de crecimiento. Cada uno tendrá necesidades que deberán satisfacerse y rutinas que podrán observarse mientras recorren las calles de la ciudad.
Aquí aparece una de las mecánicas más particulares del proyecto: el llamado Prosperity System. La apariencia de la ciudad tendrá un efecto directo sobre su desarrollo. Mantener las calles limpias, añadir iluminación, colocar bancos, cuidar los jardines y mejorar los espacios públicos será mucho más que una cuestión estética.
Una ciudad agradable podrá atraer a habitantes con mayores recursos y favorecer su crecimiento, mientras que la suciedad, las plagas o un entorno descuidado tendrán el efecto contrario. La contaminación industrial también formará parte de esta ecuación, creando una tensión constante entre producir más y conservar una ciudad atractiva.
De esta forma, construir una fábrica más grande no será automáticamente una buena decisión. El crecimiento industrial deberá convivir con las necesidades de quienes viven alrededor y con la imagen que proyecta el asentamiento.
El resultado busca unir dos caras que normalmente aparecen separadas: la enorme escala de un simulador económico y la sensación de estar caminando dentro de una ciudad que realmente funciona.
Prospera quiere que seas el arquitecto de la Revolución Industrial
El mundo abierto permitirá seguir ampliando la ciudad a medida que aumenten las necesidades de la población y las posibilidades tecnológicas. Investigar nuevos avances abrirá la puerta a instalaciones más sofisticadas, nuevas cadenas de producción y sistemas de transporte capaces de sostener una economía cada vez mayor.
La expansión tampoco estará limitada al núcleo urbano. Será posible explorar el territorio, encontrar nuevos recursos y establecer puestos avanzados para ampliar las posibilidades económicas. Cada nueva zona añadirá más opciones, pero también más problemas que resolver.
La simulación de los habitantes será otro elemento importante para comprobar si las decisiones tomadas funcionan realmente. Observar cómo se desplazan, trabajan y satisfacen sus necesidades permitirá detectar deficiencias que pueden pasar desapercibidas cuando solo se consultan cifras.
Esa perspectiva también afecta a la estética. Decorar una calle, añadir iluminación o mantener los espacios verdes no será simplemente una forma de personalizar el mapa. La apariencia estará relacionada con la prosperidad de la ciudad y con la capacidad para atraer nuevos residentes.
El proyecto fue presentado durante la Gamescom como una combinación de construcción urbana, automatización y simulación en mundo abierto. Su objetivo es acercar al jugador tanto a la planificación estratégica como a los detalles cotidianos de una ciudad que está atravesando su propia revolución industrial.
Por ahora, Active Fungus Studios y Toplitz Productions han mostrado las principales características de la propuesta, pero todavía quedan detalles por conocer sobre su lanzamiento y el contenido definitivo.
Lo interesante es que el concepto no busca únicamente ofrecer otro juego donde colocar edificios desde una vista elevada. La apuesta consiste en permitir que el jugador camine por sus propias calles, supervise las fábricas, siga las rutas ferroviarias y compruebe personalmente si la ciudad que ha construido realmente funciona.
La gran pregunta será si esa mezcla consigue mantener el equilibrio entre la libertad de recorrer un mundo abierto y la profundidad necesaria para gestionar una economía industrial compleja. Si lo consigue, la Revolución Industrial podría sentirse de una forma bastante distinta a la habitual.