Durante buena parte de su historia moderna, Bethesda Game Studios siguió un ritmo bastante reconocible. The Elder Scrolls IV: Oblivion dio paso a Fallout 3, después llegó Skyrim y, cuatro años más tarde, Fallout 4. Dos universos enormes que permitían al estudio cambiar de escenario mientras desarrollaba una nueva generación de sus RPG.
Por eso, cuando Fallout 4 terminó, había una expectativa bastante lógica dentro del propio estudio: volver a The Elder Scrolls. Eso no ocurrió. Primero llegó Fallout 76 y después Starfield, la primera nueva propiedad intelectual de Bethesda Game Studios en más de 25 años. The Elder Scrolls VI, anunciado finalmente en 2018, quedó mucho más lejos de lo que muchos jugadores habían imaginado.
Ese episodio volvió a ponerse sobre la mesa recientemente cuando Kurt Kuhlmann, veterano de Bethesda y codiseñador jefe de Skyrim, aseguró que buena parte del equipo esperaba trabajar en The Elder Scrolls VI después de Fallout 4. Según Kuhlmann, Fallout 76 alteró primero aquel ritmo y después Todd Howard decidió que el siguiente gran proyecto sería Starfield.
La historia se me quedó dando vueltas durante varios días. No tanto por la decisión en sí (Bethesda terminó tomando otro camino y eso ya lo conocemos), sino por lo que podía haber ocurrido dentro del estudio cuando ese rumbo cambió. Poco después, Greg Johnson de Press Box PR se puso en contacto conmigo para ofrecerme la posibilidad de enviarle algunas preguntas a Bruce Nesmith.
La oportunidad llegaba casi en el momento exacto. Nesmith fue diseñador jefe de Skyrim, trabajó durante años en algunas de las franquicias más importantes de Bethesda y abandonó el estudio en 2021, durante el desarrollo de Starfield. Así que decidí volver sobre aquella historia, pero esta vez con alguien que podía contarla desde el otro lado.
“No necesariamente teníamos voz ni voto”

Le pregunté a Nesmith si el recuerdo de Kuhlmann coincidía con el suyo. Su respuesta fue bastante clara. “La dirección viene de Todd Howard”, me explicó. Nesmith considera que marcar ese rumbo era precisamente una de las responsabilidades de Howard: tener una visión general del futuro del estudio y tomar la decisión, incluso cuando las preferencias personales o profesionales del resto del equipo podían ser diferentes. Pero sí recuerda la sorpresa.
“Todos nos sorprendimos de pasar a Fallout 76 en lugar de volver directamente a hacer un Elder Scrolls”, señaló. La sensación volvió a repetirse con Starfield: “No necesariamente teníamos voz ni voto. Éramos más reactivos que proactivos”.
Eso, sin embargo, no significa que Nesmith considere que Bethesda tomó una mala decisión. El estudio llevaba años alternando entre The Elder Scrolls y Fallout, y para él cualquier desarrolladora necesita arriesgarse alguna vez.
Fallout 76 y Starfield fueron precisamente eso: apuestas. Si un estudio se limita a repetir indefinidamente la misma fórmula, argumenta, tarde o temprano corre el riesgo de cansar a su propia audiencia.
La ironía es que Bethesda finalmente ha regresado al lugar que parte del equipo esperaba alcanzar años atrás. The Elder Scrolls VI es ahora la prioridad principal de desarrollo del estudio, con la mayoría del equipo trabajando en el juego.
Obsidian entra en Bethesda, y Nesmith cree que la fricción será inevitable
La estructura alrededor de Fallout también acaba de cambiar de forma considerable. El 22 de septiembre, Xbox confirmó que Bethesda ampliaría su área de responsabilidad para incluir a Obsidian Entertainment. El estudio continuará con sus proyectos actuales y trabaja además en un nuevo Fallout en colaboración con Bethesda Game Studios.
La combinación parece inevitablemente atractiva después de Fallout: New Vegas, pero Nesmith no espera que unir dos culturas distintas de diseño sea algo sencillo. “Solo un tonto diría que no habrá puntos de fricción”, me respondió. Y, curiosamente, no ve esa fricción necesariamente como algo negativo. Una cierta tensión creativa puede significar que ambos equipos están cuestionando sus propias ideas y empujándose mutuamente. El problema será administrarla.
Para Nesmith, la clave está en no borrar las diferencias entre ambos estudios. Obsidian necesita conservar espacio para trabajar “a su manera”, y Bethesda también. “No puedes simplemente juntar dos estudios y esperar que no haga falta un esfuerzo adicional para que todo funcione sin problemas”, explicó.
The Elder Scrolls VI no puede conformarse con ser otro juego de fantasía

Mi última pregunta miraba directamente hacia The Elder Scrolls VI: si Nesmith volviera a dirigir su diseño, ¿qué idea de Skyrim no llevaría consigo? Su respuesta terminó siendo menos sobre una mecánica concreta y más sobre el problema que tiene Bethesda quince años después.
Cuando Oblivion apareció, El Señor de los Anillos dominaba buena parte de la conversación alrededor de la fantasía. Cuando llegó Skyrim, Game of Thrones comenzaba a ocupar ese espacio. Nesmith no ve hoy un equivalente tan evidente. Por eso, dice, hay algo que Bethesda no puede permitirse: “Simplemente entregar un juego de fantasía genérico”.
Para él, The Elder Scrolls siempre funcionó porque mezcló elementos familiares con ideas capaces de distinguir su mundo: los Príncipes Daédricos, sus razas y una mitología mucho más extraña de lo que parece a primera vista.
Pero también cree que existe margen para cambiar al propio protagonista. Millones de personas rejugaron Skyrim, pero Nesmith considera que muchas partidas podían terminar convergiendo demasiado. Para The Elder Scrolls VI imagina más variabilidad desde el inicio: ubicaciones diferentes, situaciones particulares o incluso alguna forma de historia de origen.
Sería una ruptura con una de las tradiciones más reconocibles de la saga: empezar prácticamente como un desconocido y decidir después quién quieres ser.
Bethesda asegura actualmente que ya juega The Elder Scrolls VI de forma interna y que el proyecto avanza donde esperaba, aunque todavía no ha anunciado una fecha de lanzamiento. Después de tantos años fuera de Tamriel, la pregunta ya no es solamente por qué Bethesda tardó tanto en regresar. También es cuánto habrá cambiado por el camino.